domingo, 9 de mayo de 2010

ES LO ÚNICO QUE TE PIDO, RÁPIDO

 FOTO: LETTERJAMES.COM Y R. ATONDO

Pobrecita, lo único que pedía en su vida era que no le dejaran pensar demasiado, que le llevaran a cualquier lugar; subir a un coche y que aceptaran el hecho de no hacer preguntas. Quería que la arrancaran de esa vida insuficiente que amenazaba con ser mediocre y predecible. Era lo que pedía desde un primer momento, más bien, lo imploraba. Deseaba ser raptaba y abandonar el pasado, ir a cualquier sitio que no conociera sus huellas. Y en esos momentos tenía delante suya el misterio que siempre había deseado, la emoción de su vida. Tan solo tenía que buscar el nombre, la palabra con que rellenar el maldito crucigrama que siempre se le atragantaba, no había terminado ninguno en su vida, al menos, no sin hacer trampas. Por eso, no pudo dormir en varios días, se retorcía el pelo hasta hacerse tirabuzones, tiraba las hojas de los periódicos por si estos componían la palabra, jugaba con los rompecabezas, se inventaba historias mientras escuchaba sus canciones viendo películas por la noche, a ver si así, daba con él. Incluso se paraba en todas las floristerías hasta que tenía que salir corriendo. Pero no sabía qué era lo que tanto buscaba. Aunque suelen decir que se encuentra cuando dejas de buscar, pero ella era tan cabezona, que tenía que conseguirlo. Por una vez, se había propuesto conseguir sus objetivos. Llenó todas las paredes de su casa con posibles nombres y su cabeza con sueños imposibles.


Fragmento del relato El juego del 14 de febrero, de R. ATONDO