jueves, 23 de junio de 2011

ROJO



 Diez de la noche. Tiene miedo, y ya se ha comido todas las miguitas de pan que su amigo ha dejado en el suelo como rastro para regresar. El bosque es demasiado grande para su tamaño. Tan sólo es una niña de diez años. Grita. Un sonido tan ensordecedor que le hace tiritar. A su llamada ha acudido un animal de pelaje negro y ojos dorados que le mira dulcemente, casi parece humano. La niña se mira y descubre que no lleva ninguna capa y que lo único rojo que tiene son sus dulces labios, además no tiene ninguna cestita para la abuelita. Así que se acerca inocentemente al animal, le acaricia la cabeza y el animal se deja confiado. Mientras él agita la cola, feliz, ella va acercando sus afilados dientes de leche hacia su cuello.