jueves, 21 de julio de 2011

SOÑAREMOS


Manos de Raquel y Luisito recién nacido. FOTO: R. ATONDO

 Hola pequeño. Sé que ahora te pareceré demasiado mayor, porque hay una gran diferencia entre unas horas y treinta años. Soy creadora de sueños, o al menos, eso quiero pensar cuando escribo. Debería estar durmiendo, pero no quiero cerrar los ojos, porque cuando los abra, serás un segundo más mayor. No quiero perderme más momentos de mi vida.
 La última vez que lo hice, Juan abandonaba esta cama, tras desearme un feliz cumpleaños. Había señalado ese día en el calendario, justo unos días antes de que fuéramos a hacer un tour por Estados Unidos: los mejores vestidos en la Quinta Avenida, el aire en el puente de San Francisco...para acabar, con una venda en los ojos, en Los Ángeles; rodeada de focos y cámaras.
 - ¡Felicidades, cariño! Este es tu regalo anticipado, recuérdalo bien, seguro que nunca se te olvidará- eso es lo que dijo.
 Claro que no se me ha olvidado. Nunca he sabido bien cuándo empiezas las cosas; si en el primer beso, cuando se comparte piso o cuando se conoce a los padres. Pero sí he sabido cuándo acaban; cuando no te quieres creer lo que te dicen. Eso es lo que nos ha pasado. Juan es un niño inseguro que desconfía de todo el mundo, en especial, de él mismo.
 Pero, tranquilo. Yo voy a intentar rellenar esa soledad con cuentos e historias; no te preocupes, que tu padre te quiere, pero no sabe cómo demostrártelo, tiene miedo de verte y tener que romper todos sus principios.
- Paula, yo no quiero traer niños a un mundo así, no quiero que sufran.
- Entonces, ¿prefieres que sufra yo?- le reprochaba una vez al mes.
 Tiré tanto de la cuerda, que acabó por romperse. Ninguno cedimos.
 Durante toda esta semana no he podido dormir, imaginando cómo sería tu cara, en si tendrías sus mismos ojos negros. Y ahora que los tengo aquí delante, profundos como la noche en que tu padre y yo nos conocimos,  no puedo parar de llorar, porque no me creo que seas mío, sólo mío. Pienso que te me vas a romper entre los brazos de lo fuerte que te aprieto, no quiero perder a nadie más. Tengo miedo a decirte lo mucho que te quiero, porque la experiencia me ha enseñado que eso sería como poner una fecha de caducidad.
 Tu abuela ha llenado la habitación de juguetes. Cuando yo era pequeña, mi favorito era un gusano al que se le encendía la cara para no tener miedo por las noches. Está un poco sucio, pero te lo regalo, para que también te cuide a ti, en el miedo a la oscuridad, a lo desconocido. Con el tiempo, tu habitación estará llena de mis recuerdos y de fotografías. La primera vez que hablaste, que reíste, tus primeros pasos... Todo. Como ya te he dicho, no me quiero perder nada de tu vida.
 Me gustaría poder regalarte un manual de cómo sobrevivir a la vida, pero creo que el mejor consejo que te puedo dar es que te arriesgues y cometas muchos errores, tus propios errores, así se va aprendiendo. Pero este es un secreto entre nosotros, ya que tu abuela te dirá que cumplas con tus obligaciones; pero es que hay una gran diferencia entre nosotras, ella anda con los pies en la tierra y yo...voy dos nubes más arriba.
 Pero seguro que ambas estamos de acuerdo en que seas una buena persona y que luches por lo que quieras. Y por último, de parte de tu padre, te voy a hacer una única petición, la misma que me hizo a mí. 
 Cuando abandones la edad de Papá Noel y el Ratoncito Pérez, entonces lo único que te quedará es soñar. Así que, mi pequeño, en recuerdo a él, soñaremos. 


27/11/2008.