miércoles, 24 de junio de 2015

EL PUEBLO ABANDONADO DE PEÑA, EN NAVARRA




 Peña es un pueblo deshabitado de Navarra, situado en una meseta inclinada que da la sensación de que todo él se vaya a caer por el barranco. En sus orígenes estaba amurallado y tenía un castillo en su parte más alta, donde debido a su posición era un lugar de vigilancia y defensa prácticamente inexpugnable.


 Era propiedad de la Casa de Elio (una importante familia nobiliaria de España), por lo que sus habitantes, los peñuscos, eran medieros, es decir, que no eran propietarios ni de las tierras ni de las casas en las que vivían.


 En total eran doce viviendas las que formaban Peña, donde se dedicaban principalmente al cultivo del cereal, trigo y cebada sobre todo y al pastoreo de las ovejas. Es famoso el queso de cabra que vendían en los pueblos cercanos de Cáseda y Sangüesa



 Pese a estar en un lugar bastante apartado y solitario no estaba incomunicado, ya que el cura subía a caballo desde Cáseda a dar misa, mientras que el médico lo hacía desde Sangüesa. Eso sí, en casos graves, porque sino les tocaba a los vecinos bajarlos como pudieran hasta Torre de Peña. 


 Además tenían sus propias fiestas patronales por San Martín (11 de noviembre) que duraban tres días donde se realizaba una misa en la iglesia de San Martín de Tours, por cuyo arco hay que pasar para entrar al pueblo y una procesión en donde se mataba un cordero o cabrito y que como la mayoría de las fiestas acababa el día en un baile que era animado por los músicos que iban desde SOS del Rey Católico en Aragón. 
 Otra fiesta que tenían era la del 9 de mayo para San Gregorio donde realizaban la bendición de los campos. 


 Un lugar muy curioso que merece la pena ver, puesto que llama mucho la atención pasear entre sus calles vacías e imaginarte la vida de todos esos peñuscos que fueron emigrando bien buscando unas mejores condiciones de vida en las ciudades o porque se les acababan los contratos. Así en 1950 ya solo quedaban tres familias, siendo Nicanor Landa, el cartero y su mujer Rosario Leoz los últimos en partir en 1952 hacia Sangüesa.


 Aunque en realidad el matrimonio no fue el último en irse, sino que el último vecino fue un ermitaño belga, el Padre Arnaldo, que era pariente de los propietarios del pueblo y cuyos empleados le subían la comida desde la finca el último en marchar en 1964.



 Como curiosidad, el 11 de noviembre de 1943 cuando los vecinos salían de misa en las fiestas patronales vieron cómo un avión de combate de la Segunda Guerra Mundial se estrellaba. En el cementerio del pueblo se encuentra la tumba del cadáver de uno de sus ocupantes, el del capitán Walker


 En definitiva un lugar enigmático y misterioso.

 El camino es prácticamente llano hasta llegar al pueblo, y se puede hacer con niños sin problema. Eso sí, hay que echarse crema y os recomiendo llevar agua y una gorra o sombrero para protegeros del sol, ya que las sombras escasean. 

FOTOS: R. ATONDO Y A. ATONDO 
(CANON IXUS 255 HS)