viernes, 9 de octubre de 2015

CANTABRIA INFINITA



Un buen plan para este puente




 Siguiendo con el tema viajes, no puedo olvidarme de la pequeña escapada que hice a comienzos de este verano a Cantabria, concretamente a Isla y Santander. Un lugar magnífico que me conquistó completamente. 



 La paz que se respiraba en el ambiente me hacía sentir que aunque estaba a apenas unos kilómetros de casa me hubiera fugado a otro mundo.


 También hay que decir que la compañía ayudaba a crear esa sensación. En total fueron cuatro días magníficos en donde lo único que hicimos fue pasear, ver vaquitas, comer y dormir, volver a comer y dormir y... ver llover una y otra vez. Pero ya se sabe que sin lluvia el Norte no sería el Norte, además eso hace que sea tan verde y mágico. Un lugar de cuento. 


ISLA-ARNUERO:

 Nosotros estábamos alojados en una pequeña casa rural (Alojamiento Verdemar) desde la que bien andando o en coche nos movíamos. 
Cerca teníamos el Casco Histórico de Isla, el pueblo. 
 Ahí se encuentra El Palacio de los Condes de Isla que fue construido a finales del siglo XVII por Don Juan Fernández de Isla que llegó a ser arzobispo de Burgos. Aunque no se puede visitar por dentro, por ser una propiedad privada, bien merece verlo por ser un Bien de Interés Cultural desde 1991. 


 Al lado se encuentra la iglesia de San Julián y Santa Basilisa, del siglo XVI. 

 Y siguiendo un camino por la carretera llegas a la parte baja de Isla, donde se encuentran las playas. 



SANTANDER

 Cómo no había que visitar Santander y además coincidió que era su Semana Grande, así que era fiesta. 
 Para ir preguntamos en la Oficina de Turismo de Isla y nos recomendaron que la mejor opción era ir en coche hasta Pedreña o Somo y desde ahí coger un barquito que nos llevaría hasta Santander. 
 Mientras esperábamos a coger la "pedreñera" de Las Reginas, hicimos esto. Como podéis ver el tiempo era el de un típico día del Norte, pero ojo, que no os engañe, que a la tarde fuimos a la playa. 




 Al ser festivo la mayoría de las tiendas estaban cerradas, pero por contra, había montón de carpitas en las plazas con comida y bebida organizadas por los diferentes hoteles y establecimientos de la ciudad. 


 Y ese día... como guinda del pastel fui a ver uno de los sitios que más ganas tenía desde hace varios años: El Palacio de la Magdalena. Pero eso ya será en el próximo capítulo. 


FOTOS: R. ATONDO E I.A.G.