jueves, 26 de enero de 2012

'LA VITA É BELLA' ('LA VIDA ES BELLA')




Tráiler La vida es bella: 


"Permitirme empezar con un efluvio de satisfacción, que os obsequio a todos con la mayor alegría del mundo, porque es la primera vez que hablo de esta historia y siento una emoción que me ensancha los pulmones, me parte el tórax y colma mi corazón de un dulce sentimiento. Es como un embarazo: la carne deviene hermosa; la oreja se estira, la pantorrilla florece, la campanilla se divierte, el tobillo se alarga, la esencia del cuerpo irrumpe en la alegría de la vida misma, porque, para un hombre, hacer una película es vivir en un estado puerperal. Una historia en vilo entre risas y lágrimas. Benigni en un campo de concentración, ¿no recuerda un poco a Totó en el infierno? Pero, de todas mis películas, esta es la que más me proyecta hacia el mundo entero, hacia la satisfacción de todas las cosas creadas que albergan nuestros sentimientos. Porque, como dicen las Sagradas Escrituras, cuando la risa brota de las lágrimas, el cielo se abre.
Desde el primer momento, esta historia me hizo latir con fuerza el corazón. Dicen que las grandes ideas salen del corazón, y la idea de esta historia nació instintivamente. Un día, a Vincenzo Cerami y a mí se nos ocurre contar la historia de un hombre, un joven judío prisionero en un campo de concentración, con un niño. Y la de la mujer que está allí, en el mismo lugar, pero que nunca puede ver a su marido ni a su hijo. Sin duda el colmo de la tragedia. Si pensáis en Charlot, el mayor payaso del mundo, ¿qué historias se inventó? En una de ellas, está a punto de matar a un niño tirado entre la basura, pero luego lo quiere con pasión. En otra, se las da de gran señor con una muchacha ciega, consigue curarla y cuando ella recobra la vista, va y se enamora de otro más guapo; en El gran dictador, sobran las explicaciones, el protagonista es un deportado judío sosia de Hitler. Y luego está aquel tipo, monsieur Verdoux, que asesina a todas sus esposas hasta que finalmente lo cuelgan.
Sí, Charlot era un payaso, y si miras a un payaso de cerca te entra el pánico. La primera impresión es realmente inquietante, su risa da miedo; pero si te distancias, si te alejas, entonces te ríes con la sensación de huir de una pesadilla.
¿Y a qué viene, os preguntaréis, hacer reír de algo tan trágico, del máximo horror del siglo? Pues porque esta es una historia antidramática, una película antidramática. Porque la vida es bella, y del mismo horror puede brotar el germen de la esperanza, algo que resiste a todo y a cualquier destrucción. Me viene a la cabeza Trotski, todo lo que sufrió: encerrado en un búnker en la ciudad de México a la espera de los sicarios de Stalin y, aún así, cuando miraba a su mujer en el jardín, escribía que, a pesar de todo, la vida es bella, digna de ser vivida.
La risa nos salva, nos deja ver la otra cara de las cosas, el lado surreal y divertido, o conseguir imaginarlo; nos ayuda a no desintegrarnos, arrastrados como la paja, a resistir hasta la mañana siguiente, por larga, larguísima, que pueda parecer la noche.
Y puedes hacer reír sin ofender a nadie: existe todo un humor judío bastante atrevido al respecto.
Y así salió una película fantástica, casi de ciencia ficción, una fábula donde no hay nada real, ni neorrealista, ni realismo. No hay que buscar nada de todo esto en La vida es bella. Preferíamos contar la emoción de una familia partida traumáticamente en dos, en lugar de los detalles de la locura del nazismo. Además, ¿quién dijo que esos horrores son sólo del nazismo? Hay que ver el giro que está tomando hoy todo aquello que solía llamarse nazismo. El verdadero problema es que estos horrores siempre pueden repetirse. Ha ocurrido recientemente, por ejemplo, en Bosnia. ¿Quién nos asegura que no van a repetirse de nuevo, incluso aquí mismo, si no estamos atentos, si no nos inmunizamos contra esta locura, incluso con la risa, una risa liberadora? Las cosas que sacralizamos demasiado se vuelven peligrosas, es mejor empezar por reírnos de ellas.
En la película, además, los horrores no se ven, porque el horror, cuanto más lo imaginas, peor resulta: como enseña Edgar Allan Poe, nunca espíes el horror por el ojo de la cerradura. Bastan las alusiones para hacer sentir que el ogro está en el aire, como en los cuentos que nos asustaban de pequeños.
En cuanto al marco histórico, La vida es bella se desarrolla entre 1938 -aunque sin referirse para nada al sueño italiano de la conquista de un imperio- y 1945, cuando termina la Segunda Guerra Mundial, con la llegada de los americanos montados en sus carros de combate. Pero, repito, la película no es la historia del fascismo, ni del nazismo y de su caída. Cuenta las peripecias de un hombre, Guido, de Dora y de su hijo Giosuè. La primera parte es una gran historia de amor clásica. Guido es un hombrecillo como yo, un toscano lleno de alegría y de vitalidad. Él y su amigo Ferruccio dejan el pueblo en busca de fortuna en la ciudad. Guido quiere abrir una librería (por primera vez soy un intelectual, sé distinguir el Norte del Sur y he leído a Schopenhauer) y Ferruccio es tapicero y también poeta.



Cuando Dora se cae.

Guido y Dora: 

Guido hace su trabajo, nunca se ha metido en política... No se mete en política, pero la siente porque es un hombre inteligente y por ello lleva a cuestas el peso de la tensión de aquellos años. Quisiera tener una vida normal, quisiera vivir su vida de la mejor manera posible, más digna, más generosa y más libre. Es, para entendernos, un hombre extraordinariamente libre.


Guido y Dora, después de una fiesta.

Como suele ocurrir en las mejores novelas, un día conoce a Dora y se enamora de ella, Dora está prometida con otro, un pequeño burócrata del régimen; no es mal tipo, es alguien que quiere hacer carrera en el fascismo pero no tiene, digamos, la fuerza vital de Guido. Yo, en la película, soy antifascista, no política sino físicamente. Todo mi cuerpo es antifascista: mis orejas, mi nariz, mi mirada son antifascistas. A Dora la desconcierta todo mi ser y esto le gusta, entiende que soy un poco especial, fuera de las normas de la época. Me gusta vivir, hacer el amor, me gusta cualquier cosa relacionada con la vida. Así que ella también se enamora. Entonces la secuestro, como en todas las historias tormentosas. Estamos juntos, hacemos el amor varias veces y, ya sabéis como terminan esas cosas, nace un niño, Giosuè.


Una familia feliz.
Pasan cinco años y en Italia entran en vigor las infames leyes raciales. Descubren que Guido es de origen judío, incluso que es judío. No es que uno se presente y diga: ‘Buenos días, soy judío’. Se descubre luego. Así, por sorpresa, mi mujer vuelve a casa y no nos encuentra, ni a mí ni a  nuestro hijo; nos han metido en un camión y acabamos en un campo de concentración.


Guido en el campo de refugiados.
Dora, por amor y aun sin ser judía, decide espontáneamente subirse al tren que se lleva muy lejos al marido y al hijo. Casos como este han ocurrido de verdad, lo supe después: mujeres privadas de sus seres más queridos y que decían: ‘Yo también voy’; fue algo espantoso. La deportación era como un hacha que partía en dos a muchas familias, solo porque había un judío. Esta es la locura: la familia de Guido, sin ningún motivo, es arrestada y llevada al lugar más horrible, al infierno más terrible de todos los tiempos, y yo intento proteger a un niño de cinco años, como lo hace cualquiera de nosotros cuando ve algo atroz y dice: no, no mires, no es cierto, es una broma, un juego. Yo lo que quiero es que el niño conserve la salud, la integridad, y me lanzo a fondo, consigo resistir hasta el final, porque aquello es un verdadero campo de exterminio donde mataban a los niños pocos días después de su llegada, incluso el mismo día.

Guido, jugando con Giousé.
Guido, Dora y Giosué: 



Dora va a parar a otro sector del campo. Un campo que no es un campo de concentración determinado: ¿qué más da que esté en Italia, en Alemania o dónde sea? En esta historia es el lugar al que deportan a los judíos, pero no es una reconstrucción filológica: es “el campo”. Representa todos los campos de concentración del mundo, en cualquier época. Hemos reconstruido exactamente lo que ocurría en aquellos lugares espantosos. El campo, los uniformes, los objetos, todo en la película ha sido reinventado. No se describen los horrores detalladamente, sino que se evocan, se sugieren para transmitir el dolor hasta extremos horripilantes.

Dora en el campo de refugiados, escucha el 
"¡Buenos días, princesa!".

ESCENA 62:
GUIDO (en voz baja): Ven aquí, ¡como un relámpago!
Dicho y hecho. Entran en el despacho. Guido le da al interruptor y pega unos golpecitos en el micrófono. Los altavoces transmiten los golpes. Y se pone a hablar, todo sonrisas.
GUIDO (muy alto): ¡Buenos días, princesa!
Excitadísimo, Giosuè se acerca. Le tiemblan las piernas, como si se le escapara el pis.
GUIDO: Esta noche...
Los cuatro altavoces en lo alto del poste difunden a todo volumen, hasta los más remotos rincones del campo, la voz de Guido.
VOZ DE GUIDO: ... ¡He soñado contigo toda la noche! Íbamos al cine...


ESCENA 63
Campo. Cobertizo. INT- EXT, DE DÍA
Dora está atónita. No entiende qué está pasando. Aquella voz salida de la nada le hiela la sangre. Da unos pasos hacia el exterior del cobertizo y mira  su alrededor.
VOZ DE GUIDO: ... ¡Llevabas aquel trajecito rosa que tanto me gusta! Y ahora...
Al rato, después de un breve estrépito, suena otra voz.
VOZ DE GIOSUÈ (alegre): ... ¡Mamá! ¡Tendrías que vernos! Papá me lleva en una carretilla... no sabe conducir... ¡es divertidísimo! ¡Vamos por delante! ¿Cuántos puntos hemos ganado hoy, papá?
VOZ DE GUIDO (interrumpiendo): Anda, corre, ahí detrás... el hombre de los gritos...
VOZ DE GIOSUÈ: ¿Dónde?
VOZ DE GUIDO: Ahí...

Giosué sale de su escondite.
Guido tiene al pequeño Giosuè escondido y le hace creer que todo lo que ven forma parte de un gran juego colectivo, que ellos dos son los mejores jugadores, que pasan las pruebas más tremendas para finalmente conseguir el primer premio, un primer premio fabuloso.
Madre e hijo se reencuentran.
"¡Mil puntos! ¡Para morirse de risa! ¡Los primeros! volvemos a cada con el carro de combate... ¡Hemos ganado!".
Giosué delante del tanque 'que ha ganado'.
El padre hace esfuerzos sobrehumanos, debe construir una catedral gótica para convencer al hijo de que el campo donde se encuentran, entre cámaras de gas, hornos crematorios y montones de cadáveres, donde hacen botones, jabones y pisapapeles con la gente, es un lugar para divertirse. Es tan enorme el horror del campo que parece inventado; de ahí la paradoja, este increíble “estoy en la realidad”.
Guido bromeando para animar a su hijo.
La historia es exactamente la que se ve: una familia dividida que intenta desesperadamente sobrevivir en medio del exterminio. Lo que importa es esto: el contraste entre su voluntad de ser felices a pesar de todo y la monstruosidad que los rodea. Es cierto que no se ven las monstruosidades, y que el campo de concentración no es identificable con uno determinado de entre los verdaderos, pero corresponde a nuestro imaginario, al horror que ya llevamos todos dentro para siempre. No hemos negado la violencia, los muertos están y también las cámaras de gas, pero quedan al margen de la escena. En la pantalla vemos a un padre y a su hijo.


Jugando.
Dirigir a un niño es como dirigir a un ciprés, como dirigir una descarga de granizo que cae y lo invade todo, parece una hoja de arce a las siete de la tarde en Canadá, dice las cosas a su aire, se despista continuamente, pero si yo me equivoco, entonces no se le escapa ni una.


Giosué.
Quién sabe si una pizca de la mira de Giosuè conseguirá hacer mella en el espectador: hay cosas que, a fuerza de nombrarlas, se han ido consumiendo, como, precisamente, los campos de concentración y el horror del exterminio de los judíos; gracias a esta paradoja, gracias a este juego de la irrealidad, podrían volver a sorprender, a maravillar y volver a parecer, justamente, imposibles.
"La película es un himno al hecho de que estamos poéticamente condenados a amar por fuerza la vida: porque la vida es bella".

Esta "historia" es el fruto de las declaraciones hechas "de palabra" por Roberto Benigni cuando le preguntaron qué tenía que decir sobre la película queestaba rodando.

 La vida es bella- Miguel Bosé y Noa: