lunes, 2 de diciembre de 2013

90º ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE MARIA CALLAS


HOY SE CUMPLE EL 90º ANIVESARIO
 DE LA GRAN DIVA DE LA ÓPERA,
MARÍA CALLAS

martia callas por cecil beaton
María Callas, fotografiada por Cecil Beaton. 

 Con motivo del 90º aniversario del nacimiento de María Callas, la soprano griega nacida en Estados Unidos, considerada la cantante de ópera más eminente del siglo XX, me dispongo a recordar su vida. 

 Que es una historia tan trágica y apasionada como la de las grandes heroínas que encarnó en los mejores teatros líricos del mundo. Vivió en carne propia los celos, el rechazo, el amor intenso, la culpa y el abandono. Representó a través de sus colosales personajes femeninos su propia vida marcada por el sufrimiento y las frustraciones. 
 Una mujer que lo tuvo todo y que cuando finalmente consiguió al que ella consideraba el amor de su vida, tuvo que ver cómo se iba con otra, Jackie Kennedy. Para después de todo morir en su apartamento de París, acompañada tan solo por sus sirvientes. 


"Una diva, además de cantar e interpretar, tiene que ser una diosa en la vida cotidiana". 



UNA INFANCIA ROBADA



 El 2 de diciembre de 1923 Evangelina Dimitriadis sufriría una gran decepción al parir a Cecilia Sophia Anna Maria Kalegeropoulos. Porque ella esperaba un niño, tras la muerte de su pequeño. 

 Evangelina, era la más pequeña y la predilecta de su padre, el general Petros Dimitriadis quien le inculcó su amor por la música, pero la pequeña Litza, que así era como le llamaba cariñosamente no tenía ni voz, ni talento dramático. Por eso a los 17 años buscaría la forma de salir adelante, encontrando un marido, George Kalogeropoulos.  

 En 1917 nació en Atenas la primera hija del matrimonio, Cynthia (llamada Jackie) y tres años más tarde un varón rubio de ojos azules, Vasily, que murió en 1922 a causa de una enfermedad, lo que provocó en Evangelina una gran depresión e hizo de ella una mujer eternamente triste y amargada que volcó todas sus frustraciones en sus dos hijas a las que impuso su amor por la música. 

 Ya asentados en Estados Unidos y habiéndose cambiado el apellido por el de Callas, Evangelina descubrió que su hija pequeña, Maria, con tal solo cinco años poseía una maravillosa voz. 




"Mi madre decidió que yo estaba preparada para cantar aunque entonces solo tuviera cuatro años, y yo lo detestaba. Es por este motivo que siempre he tenido una relación de amor y de odio con el bel canto".  

 A los diez años, la pequeña recibía una rigurosa educación musical. Además le aterrorizaba actuar en público, debido a que estaba acomplejada por su peso y odiaba mirarse al espejo. Pero eso a su madre no le importaba y por eso Callas siempre le culparía de haber perdido su infancia. Pero también se dio cuenta de que gracias a su  magnífica voz conseguía el cariño y la admiración de la gente; ya no le importaba tanto ser guapa como su hermana Jackie a la que todos adoraban. Había encontrado una nueva forma de expresarse gracias a la música, y eso que ella quería ser dentista. 



 En 1937 Evangelina decidió regresar con sus dos hijas a Grecia, dejando a su marido que tenía una amante, Alexandra Papajohn en Nueva York. Durante ocho años las tres mujeres estuvieron atrapadas en un país sometido al dolor y las penurias de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Civil Griega.  

 Pero eso no iba a amedrentar a Evangelina que estaba obsesionada por conseguir que su hija triunfara en el mundo de la música. Así que en septiembre de 1937 falsificó la edad de Maria que por aquel entonces tenía 13 años haciéndola pasar por 16, para conseguir una audición en el Conservatorio Nacional, el segundo mejor del país, después del Conservatorio de Atenas. Donde consiguió una beca para estudiar con Maria Trivella 

 Por aquella época, Maria trabajaba con Trivella de doce a catorce horas diarias y su único aliciente era la comida, con la que la premiaba su madre tras tanto esfuerzo. Lo que no ayudaba en nada a su aspecto físico. Era desgarbada y torpe e iba siempre con unas gruesas gafas porque era miope. Además de que con 14 años sufría bulimia, una rara enfermedad por aquel entonces.


 A finales de 1939 Maria por fin consiguió su anhelada plaza en el Conservatorio de Atenas tras una audición con Elvira Hidalgo, que se convertiría en su nueva mentora. Con la ayuda de su primer pigmalión consiguió alcanzar las notas más altas de las sopranos.
 El 28 de octubre de 1940, Grecia entraba en guerra y las penurias llegaron casi de manera imprevista al país donde Maria Callas se preparaba para debutar en el Teatro Lírico Nacional de Atenas en la opereta Boccacio, de Suppé. 
 El año de 1941 fue bastante duro para Grecia que cayó en manos de los alemanes y pasaban bastantes estrecheces. Maria Callas lo recuerda como el período más doloroso de su vida. Lo único bueno que tuvo es que Elvira le había conseguido un puesto en la Ópera de Atenas, con tan solo 17 años, lo que la convirtió en el blanco de las envidias de todos sus compañeros. 

 Ya en el verano de 1942, interpretó el papel que marcaría su lanzamiento. En la ópera de Atenas se iba a interpretar Tosca y al caer enferma la protagonista, le ofrecieron sustituirla. Un mes después lo haría en italiano. A partir de esta dramática representación de la ópera de Puccini, Maria fue considerada una de las mejores cantantes de ópera del país. 

DE GRECIA AL ESTRELLATO

 El 14 de septiembre de 1945, la joven  de 21 años zarpaba rumbo a Estados Unidos con tan solo 100 dólares en el bolsillo, que le había enviado su padre por su cumpleaños. 
 Los primeros meses fueron  para ella como unas vacaciones, hasta que consiguió una audición con el gerente del Metropolitan. Tras cantar la Casta Diva, el señor Edward Johnson le ofreció los papeles de Madame Butterfly y Fidelio. A los que muy dignamente Callas dijo que no, puesto que se negaba a hacer el ridículo tanto cantando Fidelio en inglés como encarnándose en una delicada muchacha japonesa, siendo una mujer robusta de 90 kilos. 
 El ego de la Callas había crecido. 

 Es por entonces cuando conoció al tenor italiano Giovanni Zenatello, director artístico del festival de Verona que estaba buscando una soprano para La Gioconda



 La carrera de la Callas comenzaría con buenos augurios en Italia, a donde llegó el 27 de junio, con 23 años.
 Una noche acudió a una cena donde conocería a Giovanni Battista Meneghini. Un industrial italiano, perteneciente a la burguesía de Verona. Un hombre calvo, grueso y mayor que ella, con el que comenzó un discreto romance en el verano de 1947. Finalmente se casaría con él el 21 de abril de 1949.

 Con la ayuda del maestro Serafin, fue contratada para Tristán e Isolda de Wagner en La Fenice de Venecia. Fue el primer gran éxito que la Callas obtenía en Italia, tras su desastroso debut en Verona. Al siguiente año, debutaría en Florencia con la Norma de Bellini, que le marcaría de por vida. Fue un papel que interpretó 80 veces
 En 1950 estaba exhausta y tuvo que suspender algunas representaciones en Nápoles y Roma. Por fin en 1951 hizo realidad su sueño, actuar en La Scala de Milán y poco después en el Covent Garden de Londres. La joven que llegó a Estados Unidos con tan solo 100 dólares, ahora cobraba cerca de 30 mil por actuación y era considerada la más grande en el mundo de la ópera. 
 Estaba en su mejor momento profesional y por eso no se daba cuenta de que su marido y agente, no era lo que más le convenía a su carrera. 



 En 1953 sufrió una transformación, comenzó a preocuparse seriamente por su físico y decidió adelgazar. Se sometió a un drástico régimen para parecerse a la actriz Audrey Hepburn. En apenas 2 años perdería 35 kilos, lo que hizo que estuviera bastante irritable, pero ahora se movía con soltura en el escenario y sin fatigarse como anteriormente le ocurría. 





 Un año después realizó su debut en el Chicago Lyric y la prensa se quedó asombrada ante el aspecto casi irreconocible de la soprano. La nueva Callas era una mujer radiante y esbelta que lucía con clase elegantes vestidos entallados de Dior, Givenchy o Balmain. Se había convertido en una belleza de rasgos exóticos, de gran magnetismo y personalidad. Ahora era una auténtica diva.  
 En otoño de 1956 cuando estaba dispuesta a triunfar en el Metropolitan se desató la polémica, su madre había realizado una entrevista para la revista Time en la que se presentaba como una pobre víctima y retrataba a su hija como una mujer ambiciosa y sin escrúpulos que se negaba a ayudar económicamente a su familia. 

 Maria había cambiado mucho y ahora sentía una gran seguridad en sí misma. Soñaba con abrirse paso en la alta sociedad internacional y para ello fue la célebre cronista de sociedad Elsa Maxwell la que la introdujo en el mundo de la jet set. Elsa era buena amiga y admiradora de Renata Tebaldi, la eterna rival de Callas. Pero tras conocerse ambas se hicieron amigas.
 En verano, la Maxwell organizó una fiesta en el hotel Danieli de Venecia donde Maria conoció a Aristóteles Onassis que se presentó con su esposa Tina Livanos.  

EL ROMANCE DEL SIGLO


 Onassis era un tipo más bien feo, de hecho las mujeres lo consideraban un feo seductor. Llevaba once años casado con Tina, pero su matrimonio estaba pasando por un mal momento debido a las infidelidades de ambos. 
 Desde ese encuentro en la fiesta hasta la próxima vez que Onassis y Callas se vieran habría de pasar un año, donde la artista tuvo que hacer frente a bastantes contratiempos. 

 En enero de 1958, consiguió el papel de Norma a pesar de que su voz no estaba en buenas condiciones, de hecho no pudo salir en el segundo acto. Después actuó en Chicago y el Metropolitan de NY, donde causó sensación con Tosca y La Traviata



 Pero a su regreso a Italia se encontró con una desagradable sorpresa, el público milanés estaba en su contra tras el escándalo de Roma, así que el matrimonio se compró una villa en Sirmione, porque no podían vivir en Milán. El Pirata de Bellini, aquella sería su última función en el gran teatro milanés. 

 Finalmente traicionada por su marido, aceptó acompañar a Onassis en un crucero por el Mediterráneo en el verano de 1959. Los dos se convirtieron en amantes. La relación se consideró como el romance del siglo. 

 María empezó a vivir cuando se enamoró de Onassis. Por fin era feliz. De hecho los primeros meses de 1960 los pasó sin trabajar en el Christina. En su ausencia su rival Renata Tebaldi había regresado con éxito a La Scala. La prensa comenzaba a insinuar que la Divina había perdido la voz y que su ocaso estaba cerca. 

TRAICIONADA

"Creía que estaba enamorada, pero ahora comprendo que lo que sentía por Battista no era amor, sino gratitud. Ignoraba qué era el amor hasta que conocí a Onassis".
 Para ella, Onassis era el hombre de su vida y toda la polémica que había en torno a ellos dos comenzó a afectar a su salud que no era buena pues padecía de una sinusitis crónica que le provocaba un terrible dolor de cabeza al cantar. De hecho, en su última representación en Dallas, sufrió su primera crisis de voz en el escenario y decidió no volver a actuar hasta 1960. Además en 1959 tenía otra buena razón para mantenerse fuera de los escenarios, estaba embarazada. Pero perdió al bebé. Ella atormentada dijo que fue un aborto, pero en realidad, dio a luz a un niño al que llamó Omero, que murió pocas horas después de muerte natural. 


 En mayo de 1962 cantó Carmen en el Madison Square Garden para el 45 cumpleaños de John F. Kennedy, pero en aquel momento la protagonista fue Marilyn Monroe
 En 1963 el armador griego era su única razón de existir y fue entonces cuando una mujer risueña de 29 años se convertiría en la nueva rival de la Callas. Lee Radziwil, la hermana de Jacqueline Kennedy.  

 Inducida por su hermana,Jacqueline Kennedy fue invitada a un crucero en 1963, para olvidar la tristeza que le  había provocado el perder a un niño.  
 En 1966, Onassis seguía su romance con Callas, pero a escondidas se veía con Jackie Kennedy que se había quedado viuda tras el asesinato de su marido, el presidente John F. Kennedy. 
 Tras ese revés Callas decidió retornar con más fuerza que nunca a los escenarios. 1963, Covent Garden con Tosca. Fue la mejor creación dramática de la Callas. 

 El 14 de mayo de 1965, cuando interpretaba a Norma en la ópera de París, se pudo ver el ocaso de la divina. Enferma y agotada, atiborrada de tranquilizantes y vitaminas, la Callas se desplomó sobre el escenario. Esta sería la última vez que interpretara una ópera entera, y tardaría ocho años en volver a cantar en público. 

 El verano de 1968 fue el último con Onassis. Le echaba de su vida por la que ya era su amante oficial: la viuda de Kennedy. Una semana más tarde Callas ingresaba en el hospital Americano de París por una sobredosis de somníferos

"Soy orgullosa. No me gusta mostrar en público mis sentimientos... Sinceramente, me aterra ir a mi casa. Es como el principio de una representación... No creo que mi salud pueda soportar tanta tensión... Me encantaría volver a lo que fui en 1958, a los buenos tiempos...". 

 Pero ella estaba dispuesta a salir adelante, hasta que Onassis se presentó en la avenue George Mendel gritando y silbando bajo la ventana de Maria para que le permitiera entrar. Se negó, pero poco después reanudaron su relación sin dejarse ver en público.  

 Onassis  tras 10 años de matrimonio se arrepentía de haberse casado con Jackie. Nada tenía en común. Despilfarraba su dinero. Echaba de menos el amor desinterasado de María, quien siempre le quiso por lo que era y no por su cuantiosa fortuna. 



 En febrero de 1970 Jackie Kennedy Onassis tenía un amante, Roswell Kirkpatrick. Ese fue un duro golpe para Aristóteles Onassis que consideró finalizado su  matrimonio. En mayo, su relación con María se hizo pública y una noche salieron juntos a cenar a Maxim's. Jackie, cuando se enteró voló hasta París y para callar los rumores sobre una posible crisis de la pareja hizo que su marido la llevara a cenar al mismo restaurante y se sentaran en la misma mesa. Tras el acontecimiento, saltaba la siguiente noticia en la radio:  
"Maria Callas ha intentado suicidarse con una sobredosis de barbitúricos. Ha sido llevada a Urgencias del Hospital Americano de Neuilly". Pero Maria emitió un comunicado diciendo que tan solo había ido a una revisión rutinaria, que para nada había querido quitarse la vida. Tan solo que a veces no controlaba bien las cantidades de pastillas que se tomaba para dormir. 
 En 1971, un principio de glaucoma amenazaba con dejarla ciega si no se cuidaba. Cuando ella comenzaba a resurgir de sus cenizas, Onassis caía en lo más profundo.  
 Con Giuseppe Di Stefano, que consiguió su vuelta a los escenarios comenzó un romance porque necesitaba sentirse amada. En aquel año Maria y Onassis se volvieron a encontrar unidos por el dolor. La Callas perdía  su padre y Onassis a su hijo Alexander. En 1973, la Callas sería el único consuelo del griego que se alejó aún más de Jackie. Le dijo que se divorciaría para casarse con ella, pero la propuesta llegaba demasiado tarde para Maria que solo deseaba olvidarle. 
 El debut de Maria el 25 de octubre en Hamburgo causó una gran expectación pero fue su mayor fracaso artístico porque su voz ya no estaba a la altura y su salud tampoco. Abusaba cada vez más de los fármacos y su angustia iba en aumento. El 11 de noviembre de 1974, en Sapporo (Japón), extenuada y muy enferma a causa de una hernia, cantó por última vez en un escenario. 

"Te amé, no siempre bien, pero lo mejor que supe. Lo intenté".

 La vida del hombre que amaba se apagaba lentamente. Compró una casa en Palm Beach (Florida) para huir del infierno. El de 15 marzo 1975, se enteró de la  muerte de Aristo. "De repente, me he quedado viuda". Regresó a París en el mes de mayo y se recluyó en su apartamento. La muerte de algunos de sus buenos amigos, como Visconti y Pasolini, la afectaron terriblemente. Era una sombra de sí misma. 
 Empezó a engordar y se transformó en la mujer torpe y poco agraciada que había sido en su adolescencia. Había perdido su don divino y al único hombre que amó hasta la desesperación. En la mañana del 16 de septiembre de 1977, la diva decidió que había llegado el final de la representación. Tras desayunar en la cama, se desplomó en el suelo como sus trágicas heroínas operísticas. Tenía 53 años, y había perdido las ganas de vivir. 


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