sábado, 10 de diciembre de 2011

'DRÁCULA'- Bram Stoker
















Drácula

AUTOR: Bram Stoker. El irlandés Bram Stoker nació en 1847 y estudió en el Trinity College. Después de trabajar como funcionario durante ocho años, abandonó esta ocupación para trabajar en el 
mundo del teatro y dedicarse a la literatura. Murió en 1912.
EDITORIAL: Alianza Editorial.
AÑO: 1992.
PÁGINAS: 668.


PUNTUACIÓN: 7'5/10.

SINOPSIS: Leyenda llevada al cine en numerosas versiones y secuelas, Drácula es una novela que sintetiza de forma inigualable varias de las más profundas pulsiones del ser humano -la vida, la muerte, la sexualidad- en sus más diversas y ambiguas manifestaciones, como el bien y el mal, la luz y las tinieblas, la entrega no deseada pero irresistible, para alumbrar finalmente un relato fascinante que es un clásico indiscutible de la literatura de terror.


Mina y Drácula en la película. 

VALORACIÓN: Desde siempre, Drácula ha sido uno de los libros que tenía pendientes de leer, hasta ahora que he tenido tiempo para ello. Y si digo la verdad, me esperaba algo más, no sé, sentir algo más de miedo, y eso que yo soy una "cageta", pera nada. Me han dado mucho más miedo lo que le pasaba a Lucy y a  Mina, que los momentos en los que aparecía el conde. Al final, ya tenía muchas ganas de lo que capturasen.
De todas formas, lo que más me ha gustado es la forma en la que está escrito, con trozos de los diarios, cartas y telegramas de cada uno de los propios protagonistas de la historia. Cada uno te cuenta cómo lo está viviendo, lo que sienta. Eso me ha gustado, era una forma muy amena de lectura.
Aunque tengo que decir que el libro no es exactamente igual a la película, en especial el final, que yo esperaba leer en todo momento. Y también, que en ningún momento dice la conocida frase: "Yo nunca bebo... vino". 



Escena de la película 'Drácula', de Francis Ford Coppola. 

- ¡Ah, usted no comprende, querido John! No crea que no estoy triste porque me río. Le aseguro que lloraba mientras me ahogaba la risa. Pero no vaya a creer que cuando lloro siento tristeza tan sólo, porque al llanto también le acompaña la risa. Tenga siempre presente que la risa que llama a la puerta y pregunta: “¿Puedo pasar?”, no es auténtica risa. ¡En absoluto! La risa es reina; llega cuando quiere y como quiere. No pide permiso a nadie; no espera a que llegue el momento apropiado. Simplemente dice: "Aquí estoy". Vea por ejemplo todos mis desvelos por esa joven dulce y bondadosa; le he dado mi sangre, aunque soy viejo y carezco de fuerzas; le he consagrado mi tiempo, mi  habilidad, mi sueño; he dejado que les falte a mis otros pacientes para que a ella le sobre. Y  sin embargo, me río delante de su sepultura, mientras las paletadas de tierra que el sepulturero arrojaba sobre el ataúd: "¡Bum. Bum!", retumbaban en mi corazón, hasta hacer huir de nuevo la sangre de mis mejillas. Mi corazón se aflije por ese pobre muchacho... ese joven cuya edad tendría ahora mi propio hijo, si hubiese tenido yo la dicha de que viviera, y cuyos ojos y cuyos cabellos son idénticos. Y ahora, ya sabe porqué le quiero tanto. Sin embargo, a pesar de que dice cosas que llegan a lo más hondo de mi corazón de marido, y hacen suspirar a mi corazón de padre como no consigue hacerlo nadie (ni siquiera usted, amigo); porque sus experiencias y las mías se encuentran en un plano de mayor igualdad que los de un padre y un hijo, aún en ese momento, su majestad la risa viene a mí y  me grita y ruge en mi oído: "¡Aquí estoy!, ¡aquí estoy!", hasta que vuelve a danzar la sangre y a darme en las mejillas el sol que ella trae consigo. ¡Ah, amigo John, este es un mundo extraño, un mundo triste y lleno de desgracias, sufrimientos y tribulaciones!, sin embargo, cuando su majestad la risa llega, hacen que todas esas cosas dancen al son que ella toca. Corazones sangrantes, huesos resecos de cementerio, lágrimas abrasadoras…, todos danzan con la música que ella entona con esa boca patética que tiene. Y créame, amigo John; es bueno y conveniente que nos venga. ¡Ah, los hombres y las mujeres somos como cuerdas tensas, cuando los sentimientos estiran de nosotros en distintos sentidos! Después, al igual que la lluvia cuando moja la cuerda, las lágrimas nos templan de nuevo hasta que quizá la tensión se vuelve excesiva, y nos rompemos. Pero su majestad la risa llega como el sol; afloja esa tirantez y permite que sigamos nuestra labor, sea lo que sea. 


Gary Oldman como Drácula. 

MÁS INFORMACIÓN: Escuchar la versión moderna que realizaron en RNE. (Leer entrada aquí).